A menudo los asesinatos se resuelven tiempo después, como en el caso de un amigo que fue sorpresivamente expectorado de su alto cargo hace no muchas lunas. Resulta que un muy hábil hombre de bazar y de mano zurda envenenó, de a pocos y eficazmente, la mente de un ingenuo que le creía su hermanón, pues sabía que mi amigo le sería –por su ideología y beligerancia– un gran obstáculo para sus planes de intentar comprar el negocio del ingenuo.